Miércoles de ceniza

jun17-29-103699153

No sé lo que es amar a las mujeres
porque nací sin ese nervio dulce que sube
del corazón a la boca
y que hace del pulso de los sueños
un golpe de tambor, un llamado de ternura
a la mitad de la más dura agonía.
Los enamorados son así,
seres reblandecidos que se empequeñecen
para caber el uno en el otro,
tontos que se arrancan a besos las palabras
como despellejando de ardor su propia lumbre
en otra voz,
y ese sabor a saliva empalagada,
-algo de fruta abierta, algo de rojo carne-
que es el alimento humano para dos,
espina de hielo en el espíritu,
material de ángeles desechos en la más dulce luz
de su derrumbe.

Es difícil amar a las mujeres
cuando has nacido sin un sol bajo la lengua.

Es mala idea hacerse a la mar de una caricia sin saber
el arte de reunir lo que se busca.

No supe nunca hacer sonar el instrumento de la vida.

Es tarde ya y es en vano: no aprenderé a estas horas
más que el disimulo gris de los ancianos que
se sientan a morir de cara al día,
en el corazón de una ciudad vencida,
con los ojos duros bajo la piel nerviosa de los párpados

Pasan coches y niños, perros peregrinos,
las horas del agobio atroz tras la llovizna.

Yo soy el viejo, los gritos, la tarde
y el escándalo de sus campanas de humo.

Vuelvo a casa, la noche me espera.
Cae mi ropa y caigo yo:
soy la ceniza humedecida
de un fuego en el que nadie
jamás se ha calentado.

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