¿Qué he aprendido de Jeanne Hersch?

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El poeta polaco Czesław Miłosz, autor de la obra antiestalinista por antonomasia, The Captive Mind, escribió estas hermosas palabras dedicadas a la filósofa suiza de origen judío Jeanne Hersch. Al amparo de Jaspers, esta filósofa indagó —como todos los existencialistas— en un solo tema, el de la libertad. Pues bien, este poema didáctico me acompaña en mi oficina y lo leo casi diariamente, sobre todo cuando me sobrepasa el rumor salvaje de esta realidad que nos ha tocado en suerte y me oprime el pecho esa oscura sensación de caída, como si el animal humano se empeñara día tras día en volver a ser la bestia que un día fue y yo estuviera atestiguándolo todo sin poder hacer nada. En fin, era solo eso, que quería compartir estas palabras luminosas con ustedes; no sé si es porque me estoy poniendo viejo, pero no puede leeras sin que se me empapen los ojos. Va pues.   

¿Qué he aprendido de Jeanne Hersch?
Por Czesław Miłosz

  1. Que la razón es un regalo de Dios y que hemos de creer en su capacidad de comprender el mundo.
  2. Que se equivocaron quienes pretendían socavar nuestra confianza en la razón enumerando las fuerzas que intentan usurparla: la lucha de clases, la libido, el ansia de poder.
  3. Que hemos de ser conscientes de que estamos encerrados en el círculo de nuestras propias percepciones, aunque no debemos reducir la realidad a los sueños y los fantasmas de nuestro espíritu.
  4. Que el amor a la verdad es una prueba de libertad y que la esclavitud se muestra en la mentira.
  5. Que la actitud correcta ante la vida es el respeto y que, por tanto, hemos de rehuir la compañía de personas que envilecen la existencia con su sarcasmo, elogiando la nada.
  6. Que, aun cuando se nos acuse de arrogancia, la vida espiritual está sujeta a una estricta jerarquía.
  7. Que los intelectuales del siglo XX tendían a lo barato, a la charlatanería.
  8. Que en la jerarquía de las actividades humanas el arte está por encima de la filosofía, aunque la mala filosofía puede estropear al arte.
  9. Que la verdad objetiva existe, de modo que de dos aserciones contrarias una es verdadera y la otra es falsa, exceptuando algunos casos muy concretos en los que es legítimo mantener la contradicción.
  10. Que, independientemente de la suerte de las convicciones religiosas, hemos de conservar la “fe filosófica”, esto es, nuestra fe en la trascendencia como rasgo esencial de nuestra humanidad.
  11. Que el tiempo solo excluye y relega al olvido aquellas obras de nuestras manos y nuestra mente que no nos ayudan a construir, siglo tras siglo, el gran edificio de la civilización.
  12. Que en nuestra propia vida no podemos caen en la desesperación por causa de nuestros errores y pecados, dado que el pasado no está jamás cerrado, sino que cobra significado a través de nuestros actos posteriores.

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