Las nuevas utopías

utopia-1Hace falta plantar utopías -lo tengo más claro que nunca- porque, si no lo sabes, el corazón de los hombres de eso se alimenta, de sueños que animan y calientan, sueños que nos hacen saltar de la cama movidos por esa fuerza extraña y definitiva que es la fe. Aunque tengo que aclarar que cuando digo utopía (hermosa palabra secuestrada por los marxistas del siglo XX) no estoy hablando de grandes programas para crear sociedades idealizadas, ¡qué va!, de lo que yo hablo aquí es de esa bondad cotidiana y digna que brota con naturalidad entre quienes aman la libertad, la ternura, la belleza. Es todo. Se habla tan poco hoy en día de estas cosas; nos hemos vuelto una sociedad de cínicos arrebatados por los demonios de un materialismo intrascendente. Nos han hecho creer que vivir es poca cosa, que “esto es así”, que más vale escapar a la menor oportunidad porque el derrumbe es inminente, que soñar es el analgésico de los bobos, que lo mejor que podemos hacer es esperar el final de este festín de idiotas. ¿Qué hogar, qué patria, qué mundo pueden sobrevivir a la indiferencia cobarde de sus hijos? Ciertamente ninguno.

Tengo una idea para explicar todo esto: somos la primera generación de humanos en vivir sin preocuparse por el ser, es decir, sin hacerse a sí mismos la pregunta metafísica original que los pitagóricos balbucearon de cara a un cielo atiborrado de estrellas. Somos la primera generación de una humanidad empecinada en volver al reino absorto de las bestias; hemos aprendido a volar, hemos salido del planeta, hemos hecho florecer desiertos, hemos creado delirios luminosos como París o Manhattan, hemos dominado todas las fuerzas de la vida, es verdad, pero increíblemente insistimos en volver a reptar como lagartos.

Yo, hermanos míos, me niego a darlo todo por perdido. Tengo hambre de vida, una esperanza que me anida en el pecho y que me hace decir estas cosas; ante el estruendo de los ignorantes por vocación y los pusilánimes, ante la sistemática locura de los tiranos de opereta, ante la barbarie generacional por diseño, ante la violencia sangrante de los homicidas nacionales, ante todo eso resisto y me rebelo. No tendrán mi miedo, no sembrarán en mí la duda ni dejaré que caigan en mi oído las voces sibilinas de su desaliento. Tengo a los poetas de mi lado, y a los músicos y los artistas todos, y a los amigos y los libros de una biblioteca infinita, y el mar y la memoria, y el ejemplo de los héroes y las mujeres, y la filosofía y el amor, y todos los dioses y todas las lunas, y el aire y el aroma, y el café y la lluvia y todo lo que siendo pequeño cabe en el instante, que es donde mora el espíritu de los hombres, es decir, la verdad.

Hace falta, pues, creer con todas nuestras fuerzas que cuando caiga el telón del tercer acto todos estaremos bien y sonreiremos satisfechos por la terrible prueba superada. Sólo me hago responsable de mí y te recomiendo hacer contigo lo mismo porque en este mundo y a estas horas no hay salvador que valga ni profecía por cumplirse: estamos solos rodeados por una sorda nada y es ahora el momento de caminar una nueva jornada en nuestro peregrinaje hacia el horizonte, donde siempre vuelve la mañana… y volverá otra vez. אָמֵן/Αμήν

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